
Desde el viernes y hasta ayer salí de esto físico próximo a nosotros en que vivimos todos los engendros citadinos.
Subí chorromil kilómetros, anduve con toneladas de peso en mi ahora jorobada espalda, caminé de vuelta trece mil leguas (¿?), comí 1% de lo normal. Pero ver desde lejos todo, aprender a hacer una carpa (y qué), a hacer hogueras y blás; sentir olor a palo santo de la madera que se quemaba en cada noche, estar y participar en las conversaciones que se crearon, sentir a las personas con las que estuvimos y ver a los animales que allí habían, compensa todo.
Pero volví.
1 comentario:
uhh... que bakan salir de santiago, y sobre todo a acampar... me alegro mucho por ti...
Saludos y un abrazote =)
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