miércoles, 31 de octubre de 2007

Before/After Coca-Cola

2005.


En ese tiempo, no comía mucho.

En ese tiempo, iba a Olimpíadas de Matemáticas.

En esa época, tenía un acuario con peces de colores.

Por esos años, comía carne por doquier.

En aquel año, pasaron cosas irreproducibles entre el mundo y yo.

En esos tiempos, no conocía a N*-A**-C***-F****-R*****-R******-C*******-R********-A*********-P**********-P***********-...************

En esos momentos, estaba sumido en problemas nimios.

En ese tiempo, me cerraba ante los demás.

En esos momentos, no me interesaba valorar a otros.




En ese tiempo, tomaba coca-cola.







* Nadine
** Ariel
*** Cristian
**** Felipe
***** Rodrigo J
****** Rodrigo Tim
******* Carolina
******** Rodrigo Reposho
********* Alberto
********** Pablo
*********** Pitín
************ Otros quienes no haya conocido hasta esa fecha.

domingo, 21 de octubre de 2007

Adquisiciones

De mis adquisiciones materiales:

"La ciudad de los niños perdidos" y "Gato negro, gato blanco";

La discografía pirateada de Radiohead;

Unas Converse 'burdeo' casi desintegradas;

Un cuadrito del Principito que dice "Uno es para siempre responsable de lo que domestica";

Una torta vegana ingerida;

Un libro de los Ensayos de Sábato;

Un helado de pie de limón y una torta de merengue a medio comer;

Un lápiz pasta verde y otro morado; uno rojo y otro azul gastados;

Una fotografía del sauce de la casa de mi abuela, de mi gato O'hmalley, de mi mamá embarazada y de-yo-en-choche;

Una esencia de Magnolia;

Una libretita de hojas recortadas y perforadas y entrelazadas con pitilla y gastadas con grafito, jugos derramados y dobleces accidentales;

... y un largo Etcétera de pequeñísimas partículas que constituyen a mi yo-actual, de minúsculos simones que no encontraron nada mejor que condensarse en el simon con mayúscula y tilde.

De mis otras adquisiciones (por orden alfabético y no jerárquico):

Alberto, mi más férrea y absoluta referencia. Un ser inabarcable, indefinible e incomparable. Abstruso y a la vez esencial, determinante y a la vez abierto, categórico y a la vez no-intimidante. Un ser humano y social. He desarrollado con él una relación indestructible y desenmascarada.

Arielín, un hombre asertivo, autodidacta, profundamente humano e insipientemente amigo. Alguien de quien no dejo de aprender.

Ariel-mono, un personaje por mí aún inexplorado, pero de quien me queda su buena compañía, abrazos y no-pomposidad. Diría también insipiente amigo. Da risa su risa y envidia su ropa. En mi hermana provoca deseos bajos y en mí provoca confianza.

Blanca, su resistencia y determinación impresionan e intimidan, pero con una sonrisa seguida de cualquier frase pronunciada con ese tono de voz particular que posee, atrae y desestructura.

Coté, una Mujer. Da la impresión de ser insegura de sí misma, pero es dilapidante con cualquier juicio.

Cony, una mujercilla difícil de carácter, muy cambiante y complicada en gustos. Su aprecio y emoción por las personas, la música, la fotografía y el caminar-largo-sin-dirección ya sea en La Serena, Santiago o en cualquier otra zona pisable, es algo que me acerca mucho a ella. Lástima que quede como a 6 horas a 100 km/hr en bus semi-cama.

Cristian, afectividad, entrega y sencillez. Su transparencia, su dedicación al escuchar y su disposición a aprender, entender y compartir son lejanos pero férreos referentes para mí. Sus golpeteos de pies al caminar a su lado, sus abrazos y su risa contagian algo insondable.

Daniel Zipo, cree en algunos (no pocos) momentos que es tonto, pero no sabe cuán inteligente es. Tiene una forma indecisa y a ratos brusca de demostrar cariño, pero el cariño que tiene por otros -aunque no lo demuestre- no es ni menguante ni "poco".

Daniel, un maestro de la computación y un genio de la programación (sintáctica, discursiva, temporal, y obviamente computacional). Difícil al principio en las relaciones e inexpresivo de emociones, pero muy interesante y entregado cuando se le empieza a conocer.

Facu, un hombrezuelo que llegó a la Comunidad y que ahora trabaja con nosotros. Jugador de pool, vicioso del cigarro y la prostitución (no, mentira, lo último no) y constructor-manipulador-de-herramientas frustrado. Amigo en formación y coetáneo en evolución.

Gonzalo, mi antiquísima e inseparable compañía en los pasillos de La Prisión y mi refugio ante cualquier situación embarazosa. En él descubro complementos a mi forma (no determinada, en absoluto) de abordar las cosas. Ejercitamos diaria y constantemente la paciencia del uno por el otro.

Inti Muñoz, el hombre de las mil facetas y mil dones (desde vocales hasta sociales). Difícil para mí de entender, pero fácil de querer. Y rojo.

Nadine, la mujerzuela de mis andares más emotivos. Me es imposible -e inútil- alcanzarla, aunque vaya tras, delante o al lado de ella. Simplemente son carreras distintas que por algún motivo inescrutable e inexpresable se topan esporádica y lo más espontáneamente posible.

Niko, un chico sensual y seductor, ligado generalmente a los bajos placeres y goces hedonistas. Risueño y buen cuentacuentos, es un antiguo amigo de La Prisión.

Nico, gigante, escueto y amable.

Pedro, que aunque lo conocí hace poco tengo muchas ganas de conocerlo en serio, no por mera corporalidad. Es enojón, pero eso no impide nada.

Pitiiiin, un hombrecillo que me abandonó pero que me gustaría mucho volver a ver. Versátil y trashumante.

Rodrigo Repollo, el hombrezuelo que más me hace reír en La Prisión. Compartimos mucho en común, desde la forma de saludar hasta la postura 'vanguardista' de 'nuestro' 'arte'. Contagiado del síndrome PSU, hemos dejado de pasar tiempo juntos. Memorias irrepetibles y ya alejadas son las idas a Bandera, Bravíssimo, Comunidad, conversaciones en Calama, el pasillo de profes o la biblioteca.

Rodrigo Wenshún, el punk-hardcorito-alternativo-emo-trash-metalero-gótico-pop-... que siempre va a la 64-B por haberse fugado de clases. Relación de años.

Rodrigo Tim, chico PJ Harveyero al máximo. Lo conozco hace poco pero ya lo encuentro un tanto abúlico y -según sus palabras- medianamente apático, lo cual me resulta sumamente interesante y 'querible'. Se refiere a la mayoría del mundo como "m_r_c_n" o "_w__n_'_" (pero sólo como broma, aunque sea consigo mismo nada más), pero me gusta.

Tomás, decididamente enrollado y reconocidamente gestual. Hay algo difícil de explicar (así que no lo haré) que me acerca a él, que me refleja -algo- en él. Hombre sencillo y a la vez del glamour.

Víctor, el secretario más eficiente de La Prisión y el niño más complicado y suspicaz dentro de sus reos. Difícil de acceder a él mediante las conversaciones, es más fácil entenderlo y quererlo mediante la observación sostenida que se pueda hacer de él. He descubierto, muy a su pesar, su lado sensible y humano. Y no es pequeño.

Se me quedan muchas adquisiciones fuera, como Carlos 1, 2 y 3, Roberto, Mario, Miguel, Javiera, Alonso, Matías (Rulo), Mauricio, Carolina, Álvaro, la mayoría de los 'colegiantes', mis hermanos, mis papás, ... , pero no implica que no los aprecie.


No importa que se crean independientes y dueños de sí mismos, que sea una lata leer esto (no se los obliga), que tenga como cuarenta mil palabras esta cosa, que haya invertido (no gastado, nótese) tres horas en escribir lo que quería expresar (costó quedarme conforme con lo escrito para no sonar cliché, repetido o 'insentido'). Porque sí, son MIS adquisiciones, objetos preciados y ojalá coleccionables, ínfimos y magnánimos personajillos atesorados en mi torpe andanza temporal, hallados accidentalmente en ese precario recorrido inconsistente y zigzagueante; circustancialmente puestos allí, para que yo me los acaparara y valorara su existencia con asfixiantes abrazos, con sonrisas escuetas y desarticuladas, con llorás-de-carta 'aproblemantes', con fracciones de tiempo compartidas en caminatas, salidas 'por ahí' o encuentros planificados; puestos allí en distintos puntos, quizás hasta cuándo, quizás hasta dónde.

Puestos allí, para que les agradeciera ser y les cargara conmigo.

sábado, 20 de octubre de 2007

Simón Pedro

No es mi segundo nombre, sino un hombrezuelo que conocí esta semana.
No coincidimos en horarios; no coincidimos en gustos (su periodismo y mi ambigüedad-cognoscitiva).
No son disonantes nuestros nombres (hasta parece bíblica la dupla nominal).
No compartimos mucho en común, ni siquiera formas de reaccionar. Él lo hace de forma explosiva y pueril (y me gusta); yo lo hago... de alguna otra forma (es distinta, al menos incoincidente).




Pero me agrada, me gusta pasar tiempo con él y me importa.









Aunque se enoje.

martes, 16 de octubre de 2007

De los de allá

Una de las mayores y más problemáticas aprehensiones de mi vida ha sido el presunto parloteo de los loros. "Mira, dice 'carehue(v)o'. ¿Viste?" ha sido una de las frases que ha sufrido los mayores cuestionamientos y no pequeñas ni sutiles embestidas mentales por la parte racional de mí. Hay quienes dirían, no sin fundamento, que han sido víctimas de mis burlas solapadas por proferir dicho tipo de sentencia (claro está, no sólo mías, sino de todo ente seudo-racional y medianamente escéptico); no pocos han sido acreedores de ironías y de miradas de reojo por siquiera musitar dicha frase condenatoria; algunos tantos habrán pasado por locos, esquizo-animalescos o simplemente neo-indios por haber caído en ese impasse bochornoso. Lógicamente, yo fui parte de aquel otro grupo escrupuloso de acceder a concebir la posibilidad remota de alguna de esas frases, de aquel sector ruborizado ante cualquier atisbo de 'irracionalidad' e 'indiscreción' propia de estas situaciones (al punto de evitarlas; de evadir, posponer o cancelar juntas con potenciales alucinados con dichos fenómenos inverosímiles). Eso, hasta hoy, en que YO escuché a un loro de una casa camino al metro, que hizo diáfana e íntegramente -sin una mínima o imperceptible ambigüedad- "juit-juíu" mientras pasaba (no asumí que fuera para mí, claro), y un "car' 'e hue'o" perfectamente articulado.


Ahora seré parte de esa tropa de personas que no tartamudean al decir "sí, los loros hablan", seré parte de ese sector demarcado y bien configurado de la especie humana (inconfundible por su extraña sensación de comunicación con otras especies) que no cuestiona que un loro chifle para piropear a quien transita por la vereda de en frente un día de seudo-verano o que se burla del transeúnte por la forma de su masa encefálica; ahora seré, en fin, parte de ese bando, de los de allá, al cual ningún tú (quien sea que fuere quien esté frente a su computador leyendo esto) con reparos respecto a la verosimilitud de mi anécdota pertenece y al cual sólo se accede mediante el insólito, extraordinario y espontáneo fenómeno natural que te ha de ser brindado cuando estés listo para recibirlo.

Tú quédate allá, de ese lado recatado y frugal; quédate con esa idea inconscientemente traída a tu mente -ahora mismo, fíjate que ahora mismo, aunque no lo reconozcas, aflora- que dictamina "¡qué mier.. cree este tipo!". Mientras tanto, yo disfruto desde esta vereda liberal y vanguardista del chiflido del loro del pasaje 2 nº 4706... y te digo desde aquí, bien-gesticuladamente, y por experiencia, "car'e hue'o".

lunes, 15 de octubre de 2007

Receta

Para la masa de gente:

Un kilo de egoísmo.
Cuatrocientos gramos de incomprensión e intolerancia (se venden conjuntamente).
Ocho cucharadas de creencias (sabor y temática a su elección).
Una docena de puteadas predeterminadas.
Medio kilo de torpezas.
Una cuota (por definir) de extraño y socialmente-bien-aceptado cariño.
Un cuarto de litro de valores, derechos y deberes incuestionables.
Una pizca de raciocinio en potencia.
Dos cucharaditas de sensaciones y sentimientos (una de buenos y decorosos; otra de malos y lascivos).
Cuatro tazas de placeres, gustos y adicciones (o si lo prefiere, de represiones, disgustos y rehabilitaciones).
Una sartá de palabras cliché, dichos, refranes, frases hechas, oraciones, "como estás"s,... (vienen en bolsitas, separadas por tópico-en-cuestión).

Para el acompañamiento:
Todo aquello que quiera agregarle, desde conocimientos hasta rencores.

Preparación(*):
Vierta todo en un mismo cuerpo, mézclelo sin mucho esmero por nueve meses (si desea, y si es primeriza, por cinco o siete) y luego échelo sin más a cocer.

Obtendrá, claro está, un ser humano cualquiera, de cualquier etnia y de cualquier edad, época, estirpe y estamento social. (**) Y yastá, listo para ser servido en cualquier familia, escuela, trabajo, grupo ideológico o servicio militar. Quedará, no se asuste, un tanto disfuncional, torpe e informe; a ratos irascible, en otros momentos apacible. Pero detenta un aroma exquisito, único, vivo y dinámico. Ostenta un sabor -inequiparable, como de seguro ha podido darse cuenta- ya suave, ya agrio, ya tierno, ya insoportable, ya piola, ya insobornable, ya amable, ya... .

Por cierto, quedará perfectamente horneado. Por supuesto, será un ser digno de ser querido. Desde luego, constituirá un infalible e incomparable producto casero.

(*) Preferentemente debe ser hecha por una XX.
(**) La diferenciación y especialización en cada una de ellas dependerá del grado de cocción, del esmero tenido y de la progenie del cocinero particular.

lunes, 1 de octubre de 2007

Lagartijas

Las soñé verdes, escamosas, muchas y variadas; unas pequeñas, otras colosales, pero todas rápidas, en extremo escurridizas. Las soñé trashumantes, en el comedor de mi casa (de mi abuela) y en el patio contiguo (de mi casa, de la mía en realidad); las soñé asfixiantes, pegajosas, frías y abominables. Las soñé con pequeños cúmulos ovalados de una dura sustancia extraña en sus lomos (si es que calza aquí esa palabra), que se desprendían a veces para alcanzar objetos a su alcance, como el dedo de Amaranta (y consecuentemente su sangre, desde luego). Las soñé lagartijas, nada más que lagartijas en el piso observadas por la-primera-persona-del-singular, anoche y hasta la madrugada.

Y mi mamá, hoy, en vías de hospitalización.

¿Por qué relaciono ambos sucesos aparentemente inconexos? Ni idea.