De mis adquisiciones materiales:
"La ciudad de los niños perdidos" y "Gato negro, gato blanco";
La discografía pirateada de Radiohead;
Unas Converse 'burdeo' casi desintegradas;
Un cuadrito del Principito que dice "Uno es para siempre responsable de lo que domestica";
Una torta vegana ingerida;
Un libro de los Ensayos de Sábato;
Un helado de pie de limón y una torta de merengue a medio comer;
Un lápiz pasta verde y otro morado; uno rojo y otro azul gastados;
Una fotografía del sauce de la casa de mi abuela, de mi gato O'hmalley, de mi mamá embarazada y de-yo-en-choche;
Una esencia de Magnolia;
Una libretita de hojas recortadas y perforadas y entrelazadas con pitilla y gastadas con grafito, jugos derramados y dobleces accidentales;
... y un largo Etcétera de pequeñísimas partículas que constituyen a mi yo-actual, de minúsculos simones que no encontraron nada mejor que condensarse en el simon con mayúscula y tilde.
De mis otras adquisiciones (por orden alfabético y no jerárquico):
Alberto, mi más férrea y absoluta referencia. Un ser inabarcable, indefinible e incomparable. Abstruso y a la vez esencial, determinante y a la vez abierto, categórico y a la vez no-intimidante.
Un ser humano y social. He desarrollado con él una relación indestructible y desenmascarada.
Arielín, un hombre
asertivo, autodidacta, profundamente humano e insipientemente amigo. Alguien de quien no dejo de aprender.
Ariel-mono, un personaje por mí
aún inexplorado, pero de quien me queda su
buena compañía, abrazos y no-pomposidad. Diría también insipiente amigo. Da risa su risa y envidia su ropa. En mi hermana provoca deseos bajos y en mí provoca
confianza.
Blanca, su resistencia y determinación impresionan e intimidan, pero con una sonrisa seguida de cualquier frase pronunciada con ese tono de voz particular que posee,
atrae y desestructura.
Coté, una
Mujer. Da la impresión de ser insegura de sí misma, pero es dilapidante con cualquier juicio.
Cony, una mujercilla difícil de carácter, muy cambiante y complicada en gustos. Su aprecio y emoción por
las personas, la música, la fotografía y el caminar-largo-sin-dirección ya sea en La Serena, Santiago o en cualquier otra zona pisable, es algo que me acerca mucho a ella. Lástima que quede como a 6 horas a 100 km/hr en bus semi-cama.
Cristian, afectividad, entrega y sencillez. Su transparencia, su dedicación al escuchar y su disposición a aprender, entender y compartir son lejanos pero férreos referentes para mí. Sus
golpeteos de pies al caminar a su lado, sus
abrazos y su
risa contagian
algo insondable.
Daniel Zipo, cree en algunos (no pocos) momentos que es tonto, pero
no sabe cuán inteligente es. Tiene una forma indecisa y a ratos brusca de demostrar cariño, pero el cariño que tiene por otros -aunque no lo demuestre- no es ni menguante ni "poco".
Daniel, un maestro de la computación y un genio de la programación (sintáctica, discursiva, temporal, y obviamente computacional). Difícil al principio en las relaciones e inexpresivo de emociones, pero muy interesante y
entregado cuando se le empieza a conocer.
Facu, un hombrezuelo que llegó a la Comunidad y que ahora trabaja con nosotros. Jugador de pool, vicioso del cigarro y la prostitución (no, mentira, lo último no) y constructor-manipulador-de-herramientas frustrado.
Amigo en formación y coetáneo en evolución.
Gonzalo, mi
antiquísima e inseparable compañía en los pasillos de La Prisión y mi refugio ante cualquier situación embarazosa. En él descubro complementos a mi forma (no determinada, en absoluto) de abordar las cosas. Ejercitamos diaria y constantemente la paciencia del uno por el otro.
Inti Muñoz, el hombre de las mil facetas y mil dones (desde vocales hasta sociales). Difícil para mí de entender, pero fácil de querer. Y
rojo.
Nadine, la mujerzuela de mis andares más emotivos. Me es imposible -e inútil- alcanzarla, aunque vaya tras, delante o al lado de ella. Simplemente son carreras distintas que por algún motivo inescrutable e inexpresable se topan esporádica y lo más espontáneamente posible.
Niko, un chico sensual y seductor, ligado generalmente a los bajos placeres y goces hedonistas.
Risueño y buen cuentacuentos, es un antiguo amigo de La Prisión.
Nico,
gigante, escueto y amable.
Pedro, que aunque lo conocí hace poco tengo muchas ganas de conocerlo en serio, no por mera corporalidad.
Es enojón, pero eso no impide nada.
Pitiiiin, un hombrecillo que me abandonó pero que me gustaría mucho volver a ver.
Versátil y trashumante.
Rodrigo Repollo, el hombrezuelo que más me hace reír en La Prisión. Compartimos mucho en común, desde la forma de saludar hasta la postura 'vanguardista' de 'nuestro' 'arte'. Contagiado del síndrome PSU, hemos dejado de pasar tiempo juntos.
Memorias irrepetibles y ya alejadas son las idas a Bandera, Bravíssimo, Comunidad, conversaciones en Calama, el pasillo de profes o la biblioteca.
Rodrigo Wenshún, el
punk-hardcorito-alternativo-emo-trash-metalero-gótico-pop-... que siempre va a la 64-B por haberse fugado de clases. Relación de años.
Rodrigo Tim, chico PJ Harveyero al máximo. Lo conozco hace poco pero ya lo encuentro un tanto abúlico y -según sus palabras- medianamente apático, lo cual me resulta sumamente interesante y 'querible'. Se refiere a la mayoría del mundo como "m_r_c_n" o "_w__n_'_" (pero sólo como broma, aunque sea consigo mismo nada más), pero me gusta.Tomás, decididamente enrollado y reconocidamente gestual. Hay algo difícil de explicar (así que no lo haré) que me acerca a él, que me refleja -algo- en él. Hombre sencillo y a la vez del glamour.Víctor, el secretario más eficiente de La Prisión y el niño más complicado y suspicaz dentro de sus reos. Difícil de acceder a él mediante las conversaciones, es más fácil entenderlo y quererlo mediante la observación sostenida que se pueda hacer de él. He descubierto, muy a su pesar, su lado sensible y humano. Y no es pequeño.Se me quedan muchas adquisiciones fuera, como
Carlos 1, 2 y 3, Roberto, Mario, Miguel, Javiera, Alonso, Matías (Rulo), Mauricio, Carolina, Álvaro, la mayoría de los
'colegiantes', mis hermanos, mis papás, ... , pero no implica que no los aprecie.
No importa que
se crean independientes y dueños de sí mismos, que sea una lata leer esto (no se los obliga), que tenga como cuarenta mil palabras esta cosa, que haya invertido (no gastado, nótese) tres horas en escribir lo que quería expresar (costó quedarme conforme con lo escrito para no sonar cliché, repetido o 'insentido').
Porque sí, son MIS adquisiciones, objetos preciados y ojalá coleccionables, ínfimos y magnánimos personajillos atesorados en mi torpe andanza temporal, hallados accidentalmente en ese precario recorrido inconsistente y zigzagueante; circustancialmente puestos allí, para que yo me los acaparara y valorara su existencia con asfixiantes abrazos, con sonrisas escuetas y desarticuladas, con llorás-de-carta 'aproblemantes', con fracciones de tiempo compartidas en caminatas, salidas 'por ahí' o encuentros planificados; puestos allí en distintos puntos, quizás hasta cuándo, quizás hasta dónde.
Puestos allí, para que les agradeciera ser y les cargara conmigo.