Las soñé verdes, escamosas, muchas y variadas; unas pequeñas, otras colosales, pero todas rápidas, en extremo escurridizas. Las soñé trashumantes, en el comedor de mi casa (de mi abuela) y en el patio contiguo (de mi casa, de la mía en realidad); las soñé asfixiantes, pegajosas, frías y abominables. Las soñé con pequeños cúmulos ovalados de una dura sustancia extraña en sus lomos (si es que calza aquí esa palabra), que se desprendían a veces para alcanzar objetos a su alcance, como el dedo de Amaranta (y consecuentemente su sangre, desde luego). Las soñé lagartijas, nada más que lagartijas en el piso observadas por la-primera-persona-del-singular, anoche y hasta la madrugada.
Y mi mamá, hoy, en vías de hospitalización.
¿Por qué relaciono ambos sucesos aparentemente inconexos? Ni idea.
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2 comentarios:
Simón hoy lo pasé bakan.
Gracias, fue una tarde muy fresca y bien conversada.
Quedé tan entusiasmado con lo del Esperanto que averigüé sobre unos cuersos...parece bueno.
Gracias!
Un abrazote para ti Simón!
el de ariiba soy el Cristian por aiaca =)
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