No es mi segundo nombre, sino un hombrezuelo que conocí esta semana.
No coincidimos en horarios; no coincidimos en gustos (su periodismo y mi ambigüedad-cognoscitiva).
No son disonantes nuestros nombres (hasta parece bíblica la dupla nominal).
No compartimos mucho en común, ni siquiera formas de reaccionar. Él lo hace de forma explosiva y pueril (y me gusta); yo lo hago... de alguna otra forma (es distinta, al menos incoincidente).
Pero me agrada, me gusta pasar tiempo con él y me importa.
Aunque se enoje.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario