Hoy me dieron asco las palabras, buscando aparecer, resaltar, salir a la superficie, en patética competencia con quienes son más débiles y sencillas, de aquellas menos egocéntricas y pretensiosas. Hoy me dieron asco las palabras trilladas, esas manoseadas y prostituidas, esas que en fricción hacen estallar emociones imaginarias y forzadas o un desvarío también repetido y degradado. Hoy me produjeron repulsión ver cómo se revolcaban en las escorias de emociones prefabricadas a punto de emerger por undécima vez, de desvaríos preelaborados y sin fecha de vencimiento a punto de reutilizarse como argumentos poéticos o estéticos o sensibles o humanos. Hoy me sentí cómplice de tal envilecida realidad, por tender a imitarla y fomentar su repugnante mantención. No en otros, sino en mí, en mi invariable afán de seguir esos constructos como métodos exclusivos de 'creación' literaria. Hoy me sentí atado de manos y de pies y de boca y de cabellos y de todas esas partes artísticas del cuerpo humano por buscar todas esas frases precocidas de la literatura, por mezclarlas en buena proporción y echarlas a cocer unos últimos minutos al contextualizarlas de modo conveniente.
Hoy tuve náuseas de mi descarada imitación, de mi torpe deambular en el terreno escrito y de mis dificultades de expresar lo hasta ahora inaccesible a mi racional lógica estructurada.
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